Team Building en un circuito de tirolinas

Team building outdoor in the forest

Cada año aumenta la demanda de actividades de aventura para empresas. Tanto las grandes compañías como los pequeños grupos de trabajo han descubierto que organizar regularmente este tipo de eventos resulta muy positivo para las dinámicas internas de las organizaciones, mejorando la competencia corporativa y el sentido de pertenencia a un equipo.

Una de las actividades más frecuentes en este terreno son los circuitos de tirolinas, una especialidad que tiene mucho que ver con los deportes de aventura, y que fomenta el desarrollo de aptitudes útiles para el puesto de trabajo. Este tipo de eventos suele complementarse con seminarios formativos, comidas de empresa, sesiones de coaching o incluso encuentros de carácter más comercial. Un parque de aventura puede convertirse en el lugar idóneo para desarrollar todo este tipo de actividades.

Básicamente, la idea consiste en recorrer un circuito de tirolinas en altura, de árbol en árbol. Los participantes suelen ir equipados con un arnés de seguridad atado a la cintura, con dos mosquetones y una polea que se coloca sobre un cable. La sensación que se experimenta es similar a la de volar, una vez el participante salta y se desliza por la tirolina. Cuando se llega al siguiente árbol, la persona se desengancha de ese cable y se conecta al siguiente, y así hasta terminar todo el circuito.

La experiencia puede resultar muy interesante por diversos motivos. El primero es comprobar la reacción de un grupo en caso de estar evaluándolo. Existen diversos aspectos, como la iniciativa o el temor a lanzarse al vacío, que denotan el grado de confianza que tiene cada persona. Además, estos eventos sirven para fomentar la colaboración en equipo y la motivación en el ámbito de la empresa. Precisamente, la posibilidad de realizar este tipo de reuniones lejos del entorno de trabajo ha demostrado su capacidad para crear un clima que permite expresar sensaciones diferentes, que en ocasiones permiten descubrir talentos innatos que de otro modo habrían pasado desapercibidos.

Tirolinas, una aventura sin edad máxima

Son muchas las personas que relacionan los parques de aventura con entornos de ocio destinados a niños y jóvenes. Sin embargo, son cada vez más los adultos que se animan a practicar este tipo de actividades, por ejemplo en los parque de tirolinas que se han abierto en muchas de nuestras ciudades. Resulta cada vez más habitual contemplar a personas adultas, e incluso de edad avanzada, que disfrutan lanzándose de árbol en árbol, ya sea en un contexto de ocio o en uno de los encuentros de coaching profesional que se celebran con cada vez más frecuencia en este tipo de instalaciones.

Un ejemplo de esta actitud abierta a nuevas sensaciones lo encontramos en Eileen Nobel, una mujer nacida hace 84 años en Bexleyheath, al sureste de Londres. Hasta hoy ha corrido ya 19 maratones y este año es la segunda edición consecutiva en coronarse como la participante de mayor edad en el Maratón de Virgin London.

Pero Eileen no tiene suficiente con estas carreras. Hace unos meses acudió a Go Ape Leeds Castle para recorrer un exigente circuito de tirolinas. Allí tuvo que enfrentarse valientemente a su miedo a las alturas, para poder subir a las plataformas caminar entre las copas de los árboles. Se trataba de un desafío completamente diferente a correr una maratón. Admitió que «estaba aterrorizada en algunos puntos», pero se negó a darse por vencida y se sintió finalmente encantada por haber completado todo el trayecto.

Eileen nunca había recorrido un circuito de tirolinas, y a pesar de los nervios de algunos momentos, declaró finalmente que “nunca había pensado lo divertido que era». Sin duda, esta mujer vital es todo un ejemplo que demuestra que las actividades de aventura al aire libre no tienen tope de edad. “Nunca eres demasiado mayor para nada. ¡Si sigues haciendo cosas, no te das cuenta de que estás envejeciendo!”

Bosques urbanos y calentamiento global

Park in lujiazui financial centre, Shanghai, China

La Comisión Forestal Británica, apoyada por el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales, ha hecho pública una investigación sobre la potencialidad de los bosques urbanos para reemplazar al aire acondicionado en las ciudades. Sus resultados revelan que las áreas con una elevada densidad arbórea son hasta 4 grados más frías que los lugares en la misma ciudad sin vegetación.

Los efectos beneficiosos de los pulmones forestales urbanos (paseos, jardines, parques de tirolinas, etc.) eran ampliamente conocidos: combaten la emergencia climática, albergan biodiversidad, tienen capacidad para reducir los incendios, capturan dióxido de carbono, acogen a millones de especies, participan en la cadena alimenticia global, mejoran la calidad del aire, propician una buena salud mental…

Sin embargo, los investigadores de la Forestry Commission han ido un paso más allá, demostrando que multiplicar los parques urbanos podría reducir el aire acondicionado en las ciudades hasta en un 13%, ahorrando 22 millones de libras al año y reduciendo con creces la huella de carbono. El dato resulta especialmente relevante teniendo en cuenta que la Oficina Meteorológica ha pronosticado recientemente que el Reino Unido podría experimentar al año cuatro olas de calor de más de 30 grados en 2050. Efectivamente, los árboles ayudan a enfriar su entorno mediante un proceso llamado evapotranspiración, que propicia que el agua producida durante la respiración se evapore de las hojas de los árboles, refrescando el aire.

La investigación ha identificado además algunas de las especies forestales más eficaces para el enfriamiento local en Londres, como el London Plane Tree, el Sessile Oak y el Cherry Tree. Los expertos también recomiendan situarlos en zonas donde las personas puedan caminar o sentarse bajo su sombra, así como plantar follaje adicional que proteja del sol a las viviendas y otros edificios.

Actividades curriculares en la naturaleza

Las experiencias vivenciales contextualizan y enriquecen el aprendizaje integral

Aprendiendo a utilizar la lupa

Los nuevos modelos educativos tienden a incrementar la importancia que se otorga a la actividad física que se realiza al aire libre. Concretamente, desde una perspectiva pedagógica, son cada vez más los profesionales de este ámbito que intentan difundir la conveniencia de incluir las actividades en la naturaleza como parte esencial del currículum escolar.

Estas iniciativas pueden llevarse a cabo tanto en el entorno inmediato (el espacio donde los alumnos se mueven habitualmente, como el patio del colegio), así como en lugares cercanos que no requieren la contratación de un medio de locomoción (por ejemplo, una zona verde de la ciudad o un parque de tirolinas urbano) o incluso también en entornos lejanos, que normalmente exigen cierta planificación y un traslado organizado (un río o una montaña).

Los expertos en educación física diferencian dos tipos de razones para promover este tipo de actividades: las curriculares y las personales. Entre las primeras destacan su capacidad para fomentar el trabajo en equipo, para contextualizar el aprendizaje de materias con carácter transversal, y para propiciar el conocimiento, el respeto, la conservación, la mejora y el disfrute del medio natural.

Respecto de las motivaciones de carácter personal, las actividades en la naturaleza favorecen que los alumnos interioricen habilidades que pueden ser posteriormente utilizadas en su tiempo de ocio. Por otro lado, la práctica de ejercicio al aire libre mejora el estado de salud físico y psíquico, refuerza la autoestima, fomenta la creatividad y promueve las relaciones interpersonales. Efectivamente, se trata de actividades con una fuerte interrelación entre iguales y un gran efecto socializador. Por último, tampoco deben menospreciarse los deseos del propio alumnado por medirse y superarse, mediante pruebas que supongan un reto calculado y controlado.

En definitiva, se trata de actividades en las que se ve a la persona como un todo, de forma integral y global, que aumentan el enriquecimiento vivencial mediante hábitos de conducta ideales para desarrollar objetivos actitudinales como la adaptabilidad, el aprendizaje, la autonomía y la colaboración.

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